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José Trinidad Reyes
Poeta


Padre Reyes
Jose Trinidad Reyes

11-Jun-1797 al 20-Sep-1855. A la edad de 18 años se graduó de bachiller en filosofía, teología y derecho canónico. Se ordenó como sacerdote en el año de 1822. En 1830 incursiona en la política, por medio de la cual defiende los intereses de la iglesia.
En 1845 fundó "La Sociedad del Genio Emprendedor del Buen Gusto", la que se convertiría en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Fundó también la biblioteca de la misma universidad, la cual lleva su nombre.

El nombre de José Trinidad Reyes es más relevante en el campo de la dramaturgia. En el género lírico legó una obra bastante exigua pero, gracias a ella, unánimemente, se le considera como el iniciador de la poesía hondureña.

Muchos de sus trabajos se perdieron (Durón,T.I.,1957:15). Entre lo que se ha conservado, el rubro de mayor calidad es el de la poesía religiosa que continúa una línea muy fecunda de la lírica española escrita en torno al nacimiento de Cristo. Tanto por textos dramáticos como por los trabajos de corte lírico, concluimos que el misterio de un Dios hecho niño tensó una fibra muy sensible en el alma del sacerdote. Los villancicos -saturados de ingenuidad y ternura- transparentan amor y fe inquebrantables:

Una tortolilla Sencilla y sin par,
Que puso su nido Cerca del portal,
Viendo a media noche
Mucha claridad,
Creyó que era el día
Y empezó a cantar.

Sola estoy, decía,
Mas mi soledad
Se divierte un poco
Cantando ¡ay!, ¡ay!, ¡ay!

Pero luego advierte
Que la claridad
No viene de Oriente,
Sino de un pajar,
Donde un alba hermosa
Daba de mamar,
Asido a su pecho,
A un sol celestial.

Sola estoy, decía,(...)

Deja los polluelos
Y al portal se va,
Y junto al pesebre
Se sienta a cantar;
Hacia ella su mano
Extiende un zagal,
Y ella mansa y tierna,
Se deja tocar. (Reyes,1991:1-2)


El villancico no sólo implica el tema navideño. Destila sabor nostálgico y delicado sentido de soledad los cuales se atemperan, tanto por la mano extendida del zagal, como por la mansedumbre de la paloma.

Otros trabajos poseen una cierta filiación teatral. "Villancico al Niño Dios" simula una conversación entre dos mujeres: una conmina a la otra a que se apresure para ir a la misa de Navidad. Imprimiéndole un sello muy definido, Reyes introduce elementos populares del contexto hondureño. Tales, los vocativos Comadre que se aplican mutuamente las mujeres; las alusiones a la irreligiosidad de los habitantes del barrio y a la inseguridad en las calles. A esta última observación, una de las comadres replica que hay regidores vigilando; la otra, pronta y sagaz, con inconfundible tono de crítica, contesta: -Bien arropados,/ desde antes de las ocho,/Están roncando! (Op. cit: 20) Complementados con la mención de prendas del vestir (chancletas, enaguas) configuran el tono humorístico del villancico.

Esas características persisten en textos en los que varios animales celebran el nacimiento de Jesús. En "Villancico de Madama Lechuza", ejecutan el concierto, entre otros: Madame lechuza/ Toca la guitarra,/Y la niña chorcha//Tocará su flauta. Los elementos hondureños de nuevo se hacen presentes: la canción fue enseñada por Unos afamados/ Músicos gracianos [oriundos de la ciudad de Gracias] y es La mejor tonada/ Que cantan los cisnes/ De Tegucigalpa. (Ibid: 26-27) Las voces onomatopéyicas acentúan el aire infantil de la composición.

Ese recurso se reitera en "Villancico de los sapos". Los batracios no se quedan atrás en sus cantos de festejo. Pero sus Per... per... per... per... /Lero… lero… lero.../ Rengue, rengue, rengue, ren, molestan a los vecinos que piden a los músicos su identificación. Con orgullo, se proclaman: Ciudadanos de los charcos/ De profesión musical,/ A quienes la Naturaleza/ Les dio voz angelical./ Si usted no entiende de solfa,/ No nos venga a fastidiar. (Ib: 32) En otro villancico se alaba la sabiduría del niño (conoce, incluso, Frenología). De cara a ese saber, ¡Pobre es la ciencia/ Del hombre que aún ignora/ Si anda la tierra! (Durón, op. cit: 436).

"Coplas al Niño Dios" está dividido en dos partes y cada una consta de tres octavillas. Aborda el tema del desprecio que el mundo, a causa de su pobreza, siente por el niño. Para compensarlo, el yo poético ratifica su fe y su amor: Tus gracias me cautivan,/ Tus ojos me enamoran,/ Y si ellos de amor lloran,/ de amor lloraré yo! (Ibid: 428).

La canción "El niño perdido" recrea el episodio bíblico de Jesús perdido y encontrado en el templo. Destaca la voz angustiada de María buscándolo. A ella, Reyes dedica "A la Virgen en su Natividad", breve texto laudatorio en versos pentasílabos.


El poeta elaboró poesía de tipo reflexivo. De la muerte se ocupa en "Elegía", poema dedicado Al General Francisco Ferrera, en la muerte de su hijo Fulgencio y en el soneto "En la muerte de Macario Lavaqui". En ambos resaltan las reminiscencias neoclásicas. En este último leemos:

Aquel joven amable en quien tenía
La patria su esperanza bien fundada,
Y a quien por su alma grande y elevada
Minerva en sus afectos prefería:

Aquel mancebo en quien la llama ardía
De patrio amor y de amistad sagrada,
La vida pierde, apenas comenzada,
Cual flor que nace, y muere a medio día!
Ciérrese, pues, el templo de las artes:

Y el nombre de Macario, entre gemidos,
Óigase repetir por todas partes!
Y la amistad, deshecha en llanto tierno,
Votos haga por manes tan queridos
Que penetren el solio del Eterno! (Ib: 24-25)


Reyes frecuentó la poesía bucólica. La idealización de la naturaleza, la referencia grecolatina y la veta popular se mezclan en "Invitación para el paseo a la laguna". El poeta exhorta al goce en contacto con el mundo natural: Cuanto de más lisonjero/ Hay en la naturaleza,/ Miraremos:/ Un placer puro y entero/ Que destierre la tristeza/ Gozaremos./ Respiraréis, Ninfas bellas,/ Si suspendéis las labores/ Por un rato,/ Bajo pabellón de estrellas,/ El ambiente de las flores,/ Que es tan grato.// (...) Os presentará la tierra,/ En los paisajes más bellos,/ Sus verdores,/ Donde veréis la becerra/ Paciendo y gozando, en ellos,/ Sus amores. (Ib: 25-26)

El autor no sólo exaltó -idealizándolas- las bellezas del entorno. Supo detectar aspectos lacerados del cuerpo social y los canalizó a través de la poesía satírica. Bien logradas son las letrillas conocidas con el nombre de "Cuandos" por la palabra que hace de estribillo. En una de ellas se reprocha a las mujeres que, por la búsqueda de placeres, olvidan sus deberes hogareños. Rompiendo el equilibrio neoclásico, abundan las voces y giros populares y son oportunas las insinuaciones picarescas: Las viudas, las cotorronas/ A la Laguna volaron,/ Y también se alborotaron/ Esta vez las ochentonas. (...) Los mozalbetes soltaron/ Las riendas a sus pasiones:/ La camisa y los calzones/ En la Ruleta dejaron:/ Pero de esto ¿qué sacaron?/ Que revienten trabajando/ Y hasta los bofes echando/ Para recachar el pisto:/ Así lo tendrán, es visto,/ Pero la paloma, cuando/ (...) Según mis cortos talentos/ Producirá esta función/ Aumento de población/ Y muy buenos casamientos./(...) Todo no ha de ser placeres:/ La cuaresma va llegando:/ Vayan, pues, examinando/ Los pecados lagunales, (Ib: 35-36).

Reyes elaboró textos de intención política. Dedicados a honrar o denostar la memoria de caudillos como José Trinidad Cabañas, Juan Lindo, Guardiola o Francisco Morazán. A este último, en un poema lo alaba y en otro lo agrede. A unos les aplica frases como: héroe favorito de Belona; inmortal e intrépido; De quien la fama por doquier pregona, etc. A otros llama: león furibundo y sangriento; perverso, malvado, vil Morazán, Carnívoros animales, etc.

Aunque, en él, no es un renglón feliz, Reyes fue de los iniciadores de la poesía patriótica. Su importancia, más allá del terreno lírico, radica en que, ya en ella, se percibe un sentimiento hacia Honduras como entidad independiente de Centroamérica. En "A la Independencia", deplora el descubrimiento de América como origen de la esclavitud indígena, situación que, después de tres siglos, finalizó por la ruptura de lazos con la déspota España: Hondureños, en mármol y bronce/ De aquel día grabad la memoria,/ Y cantares de loor y de gloria/ En anual regocijo entonad./ Que no olviden jamás vuestros hijos/ Cómo fue de sus padres la suerte,/ Y tendrán por más dulce la muerte/ Que una vida en que no hay LIBERTAD. (Ib: 20. Mayúsculas, del autor.)

Textos como los últimos justifican los reparos hechos al trabajo lírico del "Padre Reyes". Sin embargo, las críticas de sentido totalizador no le hacen justicia. Olvidan a soslayan el valor de poemas como los primeros que mencionamos en los cuales el sentido cristiano de observar la vida no ha perdido frescura y espontaneidad. Además, no hay que soslayar la importancia que, como pionero, ostenta el sacerdote.

Para concluir, recordamos que la obra poética de José Trinidad Reyes muestra una dicotomía. Encontramos poemas de influencia neoclásica (elegías, poemas laudatorios...) y textos en donde el aire popular y la salida del sentimiento personal, al margen del clisé literario, anuncian el romanticismo (villancicos, cuandos...). Por estos últimos, al poeta se le ha considerado como un escritor prerromántico.

Fuente: Honduras Literaria



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